Allá donde la mar en su intento,
de tomar la costa indefensa,
armada de sal y de viento,
fracasa y se rompe deshecha.
Allá donde las olas lejanas,
rinden su salitre al romero,
a los pinos que blanden sus ramas,
en solitarias calas de espliego.
Allá donde susurra la paz,
recuerdos de luchas a hierro,
en torres de piedra sin piedad,
ni cristiana ni de sarracenos.
Allá donde verde y azul,
pugnan por un trozo de cielo,
por un fotón indeciso de luz,
por un palmo del sendero.